miércoles, 19 de septiembre de 2012

Andrés Barbosa, investigador del CSIC: "La forma más efectiva para combatir el cambio climático sería replantearse los modelos de usos energéticos, aumentando la eficiencia y reduciendo el gasto”

Esta es la segunda parte de la entrevista realizada por Factor CO2 a Andrés Barbosa Alcón, licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, investigador del CSIC e  investigador principal del proyecto PINGUCLIM, que comenzó en 2003 y estudia qué efectos está teniendo el cambio climático sobre la interacción entre parásitos e individuos en la Antártida, especialmente sobre las distintas especies de pingüinos que viven allí.  
Los efectos del cambio climático que ha recogido en sus observaciones, ¿están produciéndose de la misma forma sobre todas las especies o unas se están viendo más afectadas que otras?
Dado que cada especie tiene características y requerimientos ecológicos distintos, no a todas les afecta por igual el cambio climático. El caso de los pingüinos antárticos es paradigmático en este sentido. Los efectos a los que me he referido anteriormente afectan a dos especies, el pingüino barbijo y el pingüino de Adelia, que tienen una dieta más dependiente del krill, de manera que su reducción parece estar detrás la disminución de sus poblaciones. De esas dos, el pingüino de Adelia es la más susceptible al cambio, ya que, además, tiene una mayor querencia por la presencia de hielo en el mar, que está disminuyendo en esta zona.
Sin embargo, otras especies, como el pingüino papúa, cuya dieta es más variada, no solo no están sufriendo negativamente el efecto del cambio climático, sino que sus poblaciones están aumentando, así como su área de distribución.
Ya que las especies de pingüinos estudiadas habitan en la Antártida ha tenido que desplazarse hasta allí en varias ocasiones. ¿Es apreciable a simple vista el efecto del cambio climático sobre el paisaje de este continente?
Como comentas, hasta el momento he realizado siete expediciones.  La primera fue en la temporada 1994-1995. Es difícil contestar a esa pregunta porque, para ser rigurosos, hay que tener en cuenta que los cambios que se aprecien pueden ser circunstanciales y no formar parte de una tendencia. Por otra parte, la simple observación puede llevar a engaño, porque los recuerdos no siempre son fieles a la realidad.
No obstante, existen ciertos cambios que son más sencillos de observar y recordar, como el caso de algunos glaciares que están en retroceso y que al cabo de varios años dejan descubiertas zonas que antes estaban cubiertas de hielo. También es claramente apreciable la reducción de las poblaciones de pingüinos, ya que hay colonias en las que existen nidos que ya no están ocupados, y la proliferación de organismos ajenos a la Antártida, como es el caso de ciertas plantas introducidas fortuitamente por la actividad humana y que actualmente pueden sobrevivir y expandirse cuando hace unas décadas no eran capaces debido a que las temperaturas eran más bajas.
Por último, ¿cree usted que estos efectos de los que habla podrían ser revertidos gracias a la lucha contra el cambio climático?
La respuesta no es sencilla, ya que el cambio climático es un fenómeno complejo en el que actúan dos causas: por una parte, las causas naturales y por otra parte, la actividad humana, que intensifica y acelera esos cambios. En el caso de la actividad humana y su influencia en los Polos, el problema es que las causas no son locales sino globales, por lo que habría que modificar comportamientos y ritmos de actividad que están muy asentados en los países desarrollados, y habría que hacerlo en lugares que están lejos de los Polos. En mi opinión, todo pasaría por un replanteamiento de los modelos de usos energéticos, aumentando la eficiencia y reduciendo el gasto y, por tanto, las emisiones. Sin embargo, creo que esto es muy difícil de conseguir, sobre todo porque además, habría que hacerlo muy rápidamente para evitar deterioros irreversibles. Los problemas para ello se observan cada vez que se reúnen los países en las Conferencias sobre el Cambio Climático y no llegan a acuerdos sustanciales.
No obstante, a nivel local, en la Antártida, es posible llevar a cabo medidas para reducir algunos de los posibles efectos. En el caso de la invasión y establecimiento de organismos ajenos, en los últimos años se están extremando las precauciones para que el material que entra en el continente esté libre de estos organismos. En cuanto al efecto de las emisiones, se ha incrementado el uso de energías limpias y se ha extremado la reducción de generación de residuos en la región. Con ello, se intenta que, al menos, no se sumen causas locales a las causas globales.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Andrés Barbosa, investigador del CSIC: “El cambio climático está exponiendo a los pingüinos a nuevos parásitos”

Andrés Barbosa Alcón, licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, es investigador del CSIC y trabaja en el Museo Nacional de Ciencias Naturales como miembro del Departamento de Ecología Evolutiva. En la actualidad, desarrolla una línea de investigación llamada Ecología de organismos de ambientes extremos y efectos del cambio climático. Además, es el investigador principal del proyecto PINGUCLIM, que comenzó en 2003 y estudia qué efectos está teniendo el cambio climático sobre la interacción entre parásitos e individuos en la Antártida, especialmente sobre las distintas especies de pingüinos que viven allí.  Este proyecto le ha llevado en varias ocasiones a la Antártida, donde ha podido observar directamente cómo el cambio climático y la presencia humana están transformando el paisaje.
Lleva usted varios años liderando el proyecto PINGUCLIM, que es, en realidad, un conjunto de proyectos. ¿Podría explicar cuál es el objetivo de sus investigaciones?
La idea general es evaluar los efectos del cambio climático en la fisiología de tres especies de pingüinos antárticos: el pingüino barbijo (Pygoscelis antárctica), el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae) y el pingüino papúa (Pygoscelis papua). Concretamente, nos interesa saber todo lo posible sobre la interacción entre los parásitos y patógenos y la respuesta inmune de los pingüinos.
El proyecto consta de tres partes. La primera, que tiene que ver específicamente con los efectos del cambio climático, se lleva a cabo a una escala temporal amplia, ya que es necesario mucho tiempo para ver si existen o no esos efectos y cuáles son. Por eso, llevamos desde 2003 recogiendo datos y material. En el futuro analizaremos estos datos, que nos darán la respuesta a la pregunta general del proyecto.
Una segunda perspectiva del estudio es la escala geográfica: dado que la temperatura y los efectos de la actividad humana son distintos según las áreas de la península Antártica, estamos midiendo las mismas variables en diversas zonas, de forma que las diferencias encontradas permitan realizar predicciones sobre los efectos del cambio climático.
La tercera escala del proyecto tiene lugar a un nivel más próximo. Así, llevamos a cabo experimentos que permitan conocer cómo son esas relaciones entre hospedador y parásito, en cada individuo o población de individuos. De esta manera, esperamos identificar los mecanismos que expliquen los posibles efectos del cambio climático que podamos encontrar en el futuro.
¿Cuál fue su motivación para poner en marcha este proyecto, especialmente, para llevarlo a cabo en un entorno tan extremo como es el Polo?
Nuestra motivación era múltiple. Por una parte, la península Antártica es uno de los lugares del Planeta donde el cambio climático se está desarrollando de forma más acentuada y rápida, y, por tanto, es uno de los lugares donde esta investigación debe ser llevada a cabo. Por otra parte, tenemos cierta información sobre el efecto del cambio climático en las poblaciones de pingüinos, pero no conocemos los detalles de cómo, ni a qué funciones vitales está afectando, motivo por el que nos centramos en la investigación fisiológica. Además, sabemos cómo interactúan parásito y hospedador en zonas templadas, aunque la información de las respuestas de los hospedadores en zonas polares es todavía muy escasa. Y, por último, queríamos contribuir al entendimiento y conservación de uno de los lugares menos alterados del Planeta, como son las zonas polares.
Ahora que el proyecto lleva en marcha varios años, ¿cuáles destacaría usted como los resultados más importantes?
Como ya he comentado, la investigación aún se está desarrollando, y los resultados hasta ahora han sido muy amplios, dado que uno de los objetivos es conseguir información básica sobre muchos parámetros de los que no existen apenas datos, pero hay algunos resultados provisionales destacables.
Uno de ellos, ha sido la verificación de que la población de pingüino barbijo, ha disminuido en la zona de estudio en un 36%, muy probablemente debido a efectos indirectos del cambio climático.
Por otra parte, hemos obtenido mucha información acerca de la fauna parasitaria presente en las especies estudiadas que no había sido citada hasta ahora, como por ejemplo, la estructura genética de las poblaciones de garrapatas presentes en la península Antártica y la magnitud del efecto negativo que los parásitos tienen sobre las crías y su supervivencia.
En cuanto a la variación geográfica, hemos podido observar que la respuesta inmunitaria es mayor en las poblaciones situadas más al Norte, lo que coincide con una mayor presencia de actividad humana y de parásitos. Esta presencia humana está también relacionada con la presencia de daños genotóxicos provocados por los niveles de contaminación.
Así, se ha determinado que las visitas continuadas de personas a las pingüineras afectan a la presencia de contaminantes y a la fisiología de los pingüinos, incrementando su estrés crónico y actuando sobre su respuesta inmunitaria.
¿Cómo se está produciendo entonces ese efecto del cambio climático sobre las especies de pingüinos que están estudiando? ¿Podría mencionar algún ejemplo de observaciones concretas que hayan hecho hasta ahora?
Hasta ahora hemos podido observar varios efectos directos. Por ejemplo, hemos comprobado que han disminuido las poblaciones de pingüino barbijo. Esto también ocurre con otra de las especies estudiadas, el pingüino de Adelia. La causa directa parece estar relacionada con una disminución del krill, que es la base de la alimentación de estas especies. El cambio climático está provocando que se forme menos hielo durante el invierno, hielo en el que habitan las algas de las que se alimenta el krill.
Los resultados a nivel fisiológico son todavía escasos, dado que no existe una serie temporal suficientemente larga para poder analizarlos con rigor. Sin embargo, prevemos encontrar un incremento de algún tipo de parásito o patógeno favorecido por las temperaturas más altas o por la necesidad de cambiar de una dieta basada en krill a una dieta basada en presas alternativas, como peces o calamares. Es decir, que el cambio climático está exponiendo a los pingüinos a nuevos parásitos.
Otro efecto, es una reducción del éxito reproductor, ya que ha aumentado la frecuencia de nevadas tardías, responsables en muchas ocasiones de la pérdida de huevos durante la incubación o la mortalidad de las crías por inundación de los nidos.