miércoles, 25 de enero de 2012

Actuar contra el cambio climático: ¡yo me apunto!

En los últimos tiempos estamos viendo como la actuación contra el cambio climático ha saltado de las agendas políticas para ocupar un sitio en el ámbito privado. Lo cual, hace que me pregunte ¿habrá venido para quedarse o será una moda pasajera?

Si atendemos a la ciencia, no puede ser una moda, ya que los efectos del cambio climático no son una cuestión baladí, pero tampoco lo es, por ejemplo, el respeto a los derechos humanos u otras muchas problemáticas mundiales, y tendemos a pasar sobre ellos de puntillas.

Además, ya se sabe, en época de crisis, lo primero que se recorta es lo superfluo y, por desgracia, para numerosas organizaciones, actuar contra el cambio climático es “otra forma cualquiera de tirar el dinero” o “una forma más de hacer publicidad”.

De hecho, hay muchas organizaciones que antes de la crisis se “subieron al carro” de la lucha contra el cambio climático sin unas convicciones muy claras y, ahora, parafraseando a Groucho Marx, hacen suya la máxima: estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros.

Por ello, en vista de los tiempos que corren, me gustaría felicitar y animar a las organizaciones que aprovechan estos momentos para mejorar, para innovar, para buscar, en la reducción de su huella de carbono, una vía para ahorrar costes y presentar en el mercado un producto/servicio más competitivo, que logre convertirse en un elemento distinto sobre su competencia.

Además, quisiera reconocer la labor de aquellas organizaciones que, conscientes de la problemática medioambiental existente, apuestan por un camino de rigurosidad y compromiso en la reducción de emisiones. ¿Qué luego lo quieren utilizar como estrategia de venta o de marketing?, están en todo su derecho, siempre que no confundamos estrategia con estratagema.

Iria Flavia Peñalva
Factor CO2

jueves, 19 de enero de 2012

La vulnerabilidad y el cambio climático

Cuando pensamos en los efectos del cambo climático, muchas veces, se nos hace  difícil dimensionar la vulnerabilidad ante la que nos encontramos.  Tan difícil es, que muchas personas escuchan y leen noticias sobre el cambio climático  a diario y, aún así, viven creyendo que es una cuestión del futuro o algo que afecta a otros y que no es parte de su realidad.
Según la Real Academia Española, la palabra vulnerable tiene la siguiente definición:
Adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física y moralmente.
Lo que me lleva a analizar las distintas realidades que se viven no solo dentro de un mismo continente, sino también dentro de un mismo país.  La desigualdad juega un papel crucial en la medición de la vulnerabilidad.  Dicho factor se debe, principalmente, a la distribución desproporcional de los ingresos y falta de oportunidades. Esto puede visualizarse mejor con el principio de Paretto y su regla del 80/20. El 20% de la población recibe alrededor del 80% de los ingresos y el 20% restante es distribuido entre el 80% de la población.
Viniendo de Latinoamérica (región con mayor desigualdad en el mundo), crecí en un ambiente donde la desigualdad está vista como algo “normal” y parte de la realidad.  En Guatemala pude ver de cerca los efectos del cambio climático en mi país, en su infraestructura, en su gente y en su economía.  Y observar también como cierto sector de la población sufría y otros no.  Al detectar los sectores de la población con menos ingresos, se detecta a la población más vulnerable ante los impactos del cambio climático. 
Difícil de imaginar para algunos y difícil de escapar para muchos.  El cambio climático afecta de forma directa y en una dimensión completamente diferente a este sector de la población mundial.  La UNFCCC en su reporte “Impacts, Vulnerabilities and Adaptation in Developing Countriesestablece que son los países en vías de desarrollo los más vulnerables a los impactos del cambio climático, debido a que tienen menos recursos: sociales, tecnológicos y financieros.

Al leer nuevamente la definición de la palabra “vulnerable” y asociarla al cambio climático, me imagino rápidamente las siguientes situaciones con efectos desiguales.
Mientras nos quejamos por sentir calor y no tener aire acondicionado en casa, otros mueren deshidratados por no tener agua para beber.  Mientras nos quejamos por las lluvias, porque arruinan nuestros cabellos recién planchados, otros tratan de evitar que sus casas se inunden de agua o sean arrastradas por los derrumbes torrenciales.  Mientras nos quejamos de cómo nuestras botas de cuero se han manchado de lodo, otros ven como sus seres queridos han sido soterrados bajo él. 
Y no, en la mayor parte de los casos, no son eventos extremos los que ocasionan estas situaciones. Son eventos climatológicos comunes cuyos efectos tienen una mayor magnitud en algunas poblaciones debido a su falta de recursos.
Es así, como la palabra vulnerabilidad toma un sentido diferente y como la podemos visualizar de forma inversamente proporcional a los ingresos de un sector de la población o de un país. Contar con información fiable es vital para una interpretación acertada de los impactos. Sin embargo, más importante aún, es el acercamiento “bottom-up” de la población más afectada para la recaudación de información.  El apoyo gubernamental e internacional para la implementación, capacitación y seguimiento de proyectos juega un papel crucial.
La realidad es que todos somos vulnerables ante el cambio climático. No obstante, la desigualdad de realidades, determina quienes serán los más castigados.
Poder meditar sobre las realidades que viven otros nos recuerda la trascendencia que tiene nuestra lucha contra el cambio climático.
Silvia Pac
Factor CO2

 La Tormenta Agatha 2010 tras su paso en una comunidad del área rural en Guatemala. (Zunil, Guatemala).

jueves, 12 de enero de 2012

Análisis del cambio climático. ¿Qué hace cada uno?

El propio título de este artículo implica indagar sobre los potenciales actores del cambio climático y las actuaciones que llevan a cabo en este ámbito. Todos estamos interesados y tenemos un impacto sobre el cambio climático, tanto positivo como negativo. Por tanto, se considerara que los actores del cambio climático somos la totalidad de los ciudadanos del planeta Tierra. Todos debido a nuestros hábitos diarios y nuestros comportamientos, no siempre racionales, contribuimos a incrementar o mitigar el cambio climático. Ya no vale adoptar un acercamiento binario a la problemática con los “buenos” por un lado y los “malos” por otro, es decir, oponiendo constantemente a dos categorías de actores del cambio climático: los verdes,  por una parte y los emisores, por otra. Eso se traduce a menudo en estigmatizar a las grandes industrias, consideradas como las mayores emisoras de gases de efecto invernadero y principales causantes del cambio climático, y no les incita a desarrollar planes de mitigación.
Es imprescindible ir más allá de los prejuicios que solo buscan confundir a la gente y hacen que cierren los ojos sobre su propio papel.
Avanzar juntos en el diseño de nuevas políticas que consideran el aspecto del impacto sobre el clima y que cada uno actué, a su nivel y en su esfera de influencia, resulta provechoso a la hora de mitigar los efectos de las actividades de cada individuo sobre el cambio climático.
Sin embargo, se ha de procurar evitar las amalgamas sistemáticas ligadas a la relación entre actividad económica y cambio climático, ya que la actividad productiva resulta necesaria para asegurar la supervivencia de la humanidad.
Por otro lado, la continuación del modelo de producción actual, está condicionada por la preservación de nuestros recursos finitos, amenazados por asuntos como el cambio climático. Esta última constatación debería favorecer la implementación de acciones de lucha contra el cambio climático por parte de los actores económicos.
El cambio climático, como problemática global, trasciende no solamente las fronteras geográficas, sino también los sectores de la sociedad y, por consiguiente, interesa tanto al sector privado como al público y a la sociedad civil.
A nivel internacional, llevamos varios años pendientes de que los distintos países alcancen un compromiso dentro de las cumbres anuales contra el cambio climático organizadas por Naciones Unidas. Esto pone de relieve la necesidad y, al mismo tiempo, la dificultad de una acción global y de un compromiso de todas las naciones.
En paralelo, las autoridades públicas a nivel nacional, regional y local,  disponen también de mecanismos para mitigar el cambio climático. Así, tienen competencia para dictar y desarrollar reglamentos y políticas en ámbitos claves como el transporte, la planificación territorial, el alojamiento, el sector residencial... y, además, pueden poner en marcha acciones de concienciación y sensibilización tanto del ciudadano como de los sectores económicos. Las asociaciones también pueden interpretar este último papel. Al fin y al cabo dado que cada individuo por sus acciones contribuye al calentamiento global, dispone también de margen de maniobra para reducir su impacto.
En conclusión, cada individuo afecta al cambio climático. La clave del éxito de los agentes que contribuyen al diseño y a la implementación de políticas y de acciones de lucha contra el cambio climático es la coordinación y la adopción de un acercamiento transversal de la problemática, ya que conlleva numerosas temáticas interconectadas y numerosos actores interesados, que es imprescindible movilizar para asegurar un cambio de modelo, en toda la cadena.
Julie Urban
Factor CO2