Cuando pensamos en los efectos del cambo climático, muchas veces, se nos hace difícil dimensionar la vulnerabilidad ante la que nos encontramos. Tan difícil es, que muchas personas escuchan y leen noticias sobre el cambio climático a diario y, aún así, viven creyendo que es una cuestión del futuro o algo que afecta a otros y que no es parte de su realidad.
Según la Real Academia Española, la palabra vulnerable tiene la siguiente definición:
Adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física y moralmente.
Lo que me lleva a analizar las distintas realidades que se viven no solo dentro de un mismo continente, sino también dentro de un mismo país. La desigualdad juega un papel crucial en la medición de la vulnerabilidad. Dicho factor se debe, principalmente, a la distribución desproporcional de los ingresos y falta de oportunidades. Esto puede visualizarse mejor con el principio de Paretto y su regla del 80/20. El 20% de la población recibe alrededor del 80% de los ingresos y el 20% restante es distribuido entre el 80% de la población.
Viniendo de Latinoamérica (región con mayor desigualdad en el mundo), crecí en un ambiente donde la desigualdad está vista como algo “normal” y parte de la realidad. En Guatemala pude ver de cerca los efectos del cambio climático en mi país, en su infraestructura, en su gente y en su economía. Y observar también como cierto sector de la población sufría y otros no. Al detectar los sectores de la población con menos ingresos, se detecta a la población más vulnerable ante los impactos del cambio climático.
Difícil de imaginar para algunos y difícil de escapar para muchos. El cambio climático afecta de forma directa y en una dimensión completamente diferente a este sector de la población mundial. La UNFCCC en su reporte “Impacts, Vulnerabilities and Adaptation in Developing Countries” establece que son los países en vías de desarrollo los más vulnerables a los impactos del cambio climático, debido a que tienen menos recursos: sociales, tecnológicos y financieros.
Al leer nuevamente la definición de la palabra “vulnerable” y asociarla al cambio climático, me imagino rápidamente las siguientes situaciones con efectos desiguales.
Mientras nos quejamos por sentir calor y no tener aire acondicionado en casa, otros mueren deshidratados por no tener agua para beber. Mientras nos quejamos por las lluvias, porque arruinan nuestros cabellos recién planchados, otros tratan de evitar que sus casas se inunden de agua o sean arrastradas por los derrumbes torrenciales. Mientras nos quejamos de cómo nuestras botas de cuero se han manchado de lodo, otros ven como sus seres queridos han sido soterrados bajo él.
Y no, en la mayor parte de los casos, no son eventos extremos los que ocasionan estas situaciones. Son eventos climatológicos comunes cuyos efectos tienen una mayor magnitud en algunas poblaciones debido a su falta de recursos.
Es así, como la palabra vulnerabilidad toma un sentido diferente y como la podemos visualizar de forma inversamente proporcional a los ingresos de un sector de la población o de un país. Contar con información fiable es vital para una interpretación acertada de los impactos. Sin embargo, más importante aún, es el acercamiento “bottom-up” de la población más afectada para la recaudación de información. El apoyo gubernamental e internacional para la implementación, capacitación y seguimiento de proyectos juega un papel crucial.
La realidad es que todos somos vulnerables ante el cambio climático. No obstante, la desigualdad de realidades, determina quienes serán los más castigados.
Poder meditar sobre las realidades que viven otros nos recuerda la trascendencia que tiene nuestra lucha contra el cambio climático.
Silvia Pac
Factor CO2
La Tormenta Agatha 2010 tras su paso en una comunidad del área rural en Guatemala. (Zunil, Guatemala).
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