miércoles, 26 de octubre de 2011

Carbon Expo 2011 Barcelona: tecnología, finanzas y políticas contra el cambio climático

Carbon Expo, la principal feria y conferencia a nivel mundial para el comercio de emisiones, ha vuelto a Barcelona este junio por segunda vez en su historia después de su primera edición en España en 2009. La octava edición de la principal plataforma anual internacional sobre las finanzas del clima y del carbono, el comercio de emisiones y tecnologías para la reducción del carbono se ha celebrado del 1 al 3 de junio de 2011 en el recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona. En esta ocasión ha sido organizada, conjuntamente, por la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones (IETA), el Banco Mundial y Fira Barcelona.
Carbon Expo está estratégicamente situada en el calendario para la lucha contra el cambio climático, a medio camino entre la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Cancún el pasado mes de diciembre (COP16) y la nueva convocatoria prevista para finales de este año en Durban. En esta edición se ha analizado el estado actual de los proyectos de financiación de infraestructuras limpias, de los mercados de carbono así como el estado de las negociaciones a escala internacional antes de la cita global en Sudáfrica.

Con más de 3.000 visitantes procedentes de 111 países, 280 expositores y más de 47 países elegibles para proyectos CDM/JI, y 115 medios de comunicación cubriendo la edición del último año, Carbon Expo se ha convertido en punto de encuentro internacional donde se reúne todos los actores implicados en el mercado de la energía y el carbono.
Entre los asistentes, se encuentran altos ejecutivos de corporaciones financieras y jurídicas, empresas energéticas y consultorías, líderes políticos y altos cargos de los gobiernos, representantes de la Convención Macro de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), agencias de promoción de inversiones y organizaciones multilaterales de desarrollo, países elegibles para proyectos CDM/JI, ONG’s, instituciones académicas y think-tanks.
La edición de este año de Carbon Expo ha sido un reflejo del creciente interés por parte de los ‘inversores verdes’ en los mercados de carbono como herramienta para financiar la lucha contra el cambio climático. Hasta qué punto la ‘agenda verde’ puede convertirse en una buena oportunidad de negocio, siendo el objetivo del certamen la movilización, a través de las políticas públicas, de recursos privados para hacer realidad el llamado ‘crecimiento verde’. El desarrollo de nuevos mercados, alianzas y oportunidades entre los países desarrollados y los que se encuentran en vías de desarrollo.
En estos momentos en que los mercados de carbono no presentan signos de mejora, instituciones y gobiernos buscan soluciones de financiación para la lucha contra el cambio climático. Es el caso de China, que ha explicado sus planes nacionales para un desarrollo bajo en carbono, o el de Alemania, que analiza su presente y futuro industrial.
La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, destacó en la inauguración de la Carbon Expo en Barcelona, que los mercados de carbono pueden promover flujos de inversión y transferencias de tecnologías que permitan a los países en desarrollo sumarse a los esfuerzos en la lucha contra el cambio climático. Ha señalado que la Carbon Expo es una cita que permitirá profundizar en el nuevo marco financiero internacional para hacer frente al cambio climático y la necesidad de movilizar flujos de inversión pública y privada para acometer la transformación de los actuales modelos productivos para hacerlos más bajos en emisiones tanto en los países desarrollados como en desarrollo.
Asimismo, la Secretaria de Estado ha recordado que la financiación para la mitigación y la adaptación al cambio climático es una de las piezas clave en el proceso de negociación internacional para alcanzar un acuerdo sobre un régimen de cambio climático que afecte a todos los países, cada uno según sus responsabilidades y capacidades.
El nuevo Fondo Verde para el Clima acordado en Cancún debe optar por nuevas fórmulas y utilizar la experiencia adquirida en los mercados de carbono para que la financiación pública sirva para movilizar la inversión privada.
España y la Unión Europea siempre han apostado por los mercados de carbono como una herramienta útil no solo para lograr las reducciones de emisiones de manera coste-eficiente, sino también para promover flujos de inversión y transferencia de tecnologías que permitan acelerar las curvas de aprendizaje y reducir los precios unitarios de las más tecnologías más limpias.
Tanto los países desarrollados como en desarrollo han hablado de sus logros alcanzados hasta la fecha y también y han puesto en común diferentes proyectos, además de las oportunidades de inversión que ofrece este mercado. Por parte de la participación de China ha informado a los asistentes sobre los planes del gigante asiático respecto a la reducción de sus emisiones de CO2,  en un acto organizado por China CDM Fund, China CDM Project Management Center, Finance Bureau of Hebei Province, China Environment and Energy Exchange.
Entre las informaciones proporcionadas por China CDM Fund sobre la actual situación de China en el mercado de carbono, destaca que el país asiático está promoviendo activamente la conservación de energía y la reducción de emisiones, entre otras acciones.
Todos los asistentes a la CARBON EXPO nos hacemos la misma pregunta ¿Hacia dónde deben mirar los mercados de carbono?
El mercado de carbono ha sufrido en 2010 un colapso; ha perdido el volumen de negocio. Incluso el mercado europeo puede verse comprometido por el desacuerdo sobre el acuerdo sobre el cambio climático.  Hay demasiadas incertidumbres sobre qué pasará después del 2012, cuando acaba el primer período de cumplimiento de Kioto. Quizá alguien juega con el calendario Inca, que no va más allá del 2012.
Los mercaderes de los derechos de emisión de carbono reunidos en Barcelona no viven para disgustos, rabias y pesares. Permitan mostrarles en una cita las causas de tantas inquietudes y desasosiegos: “si el que compra partidas ve que bajan de precio, le da rabia de haber comprado. Y si suben, le da rabia de que no compró más. Si compra derechos, suben de precio, vende, gana y luego vuelan aún a más alto precio del que ha vendido, le rabia de que vendió por menor precio. Y si no compra ni vende, y van subiendo, le rabia de que habiendo tenido impulsos de comprar, no lo hizo…”
La cita es posterior a la crisis, no actual, sino a la primera crisis bursátil, que describiera nuestro don José de la Vega. Pretender que el mercado evite los disgustos, rabias y pesares es tanto como querer excluir de él los riesgos.
No deberíamos dejarnos llevar por el pesimismo. Se trata más bien de una enfermedad infantil; sin ella no se madura. De un mercado en que todos eran compradores y nadie vendía, se pasó a su opuesto; todos venden y nadie compra. El derecho de emisión de CO2 llego a costar 30 euros la tonelada, cuando nadie vendía, y cayó a 0,1 euros cuando nadie compraba. Ahora está en unos 16 euros la tonelada de aire limpio.
Los mercados de carbono son una ingeniosa idea para convertir un intangible como el CO2 en un recurso con valor. La idea es generar recursos para abordar el cambio climático. Pero por el camino nos olvidamos del clima. Los únicos recursos que se movilizan son contratos de opciones futuras, en que el comprador se libra de responsabilidad y el vendedor adquiere obligaciones.
El desarrollo de las energías renovables (claves para combatir el calentamiento) no lo ha traído precisamente los mercados de carbono, sino los precios regulados en la tarifa (“feed-in tariff”), que permiten el desarrollo de renovables con un marco previsible, estable y seguro. Es así como se han fomentado, apoyándolo con una política energética.
En la Carbon Expo, el representante chino anunció la creación de comercio de emisiones de carbono para más de 1.300 millones de chinos. Europa duda, mientras piensa en Estados Unidos, si ser ambiciosa con el desarrollo del mercado del carbono o ser generosa concediendo muchos derechos en la asignación.
No sólo el poder se desplaza al Este; las potencias siglo XXI de tamaño XXL, no suplantarán el papel de las potencial del siglo XX. Ejercerán de potencial del siglo XXI. Sin entender esto no comprenderemos el anuncio de China.
La decisión China de crear un comercio de carbono obedece a una pragmática política interna. El  cambio climático quizá no sea tan importante como mantener una estabilidad interna; sólo en la medida en que de la modernización dependa la estabilidad, un mercado de carbono forma parte de su política interna.
No es Europa sino China la que decidirá lo que producimos y consumimos, y más importante, el cómo lo producimos y consumimos. Una Europa débil y dividida se hace ilusiones cuando no es capaz de cooperar para salir de la crisis. Europa si juega a ser potencia del siglo XX se verá marginada en el siglo XXI.
La vieja Europa está demasiada encerrada en sí misma. Una Carbón Expo en Barcelona hace que brillen por su ausencia actores económicos que prefieren el provincialismo de mirarse a sí mismos. Al igual que las cumbres es fiel reflejo de lo que hay. Cuando nos demos cuenta que quién no estuvo sentado en la mesa, ya será demasiado tarde; nos habrán comido. Europa tiene que aprender de China, a través de esta confianza en sí misma.
Javier Perea
Factor CO2

jueves, 20 de octubre de 2011

¿Dónde deberíamos poner el límite?

En los últimos tiempos, a través de diferentes fuentes, he recibido mensajes discordantes  sobre algunos temas relacionados con la sostenibilidad cuya veracidad nunca me había planteado y que me han dejado un poco sorprendida.  En general, podría decirse que han sido un conjunto de cosas, pero, particularmente, la última parece que trastocó un poco más de lo normal mis esquemas sobre “sostenibilidad”.

Recientemente leí un artículo que trataba sobre el reciclaje del papel, más concretamente, sobre su supuesta ineficiencia e insostenibilidad. Tantos años de concienciación desde diferentes ámbitos han conseguido crear en mí una conciencia acerca de la importancia de reciclar y, por ende, de lo necesario que resulta el reciclaje para ser sostenible y evitar dañar el medio ambiente.

Sin embargo, en el citado artículo, se afirmaba todo lo contrario sobre el reciclaje del papel. De hecho, se explicaba que, debido al método actual de producción de papel, en el que se utilizan plantaciones de árboles para fabricarlo, en las que se plantan incluso más árboles de los que se talan y al propio sistema productivo, el reciclaje de papel resulta más ineficiente y dañino para el medio ambiente que la producción de papel “nuevo”.

Mi incredulidad me hizo poner en duda lo que estaba leyendo, pero consiguió captar mi atención y me hizo replantearme algunas cosas. Debido a la facilidad que ofrece internet para acceder a cualquier tipo de información, a veces, es ciertamente complicado separar el grano de la paja y no son pocas las ocasiones en las que es imposible saber con certeza si lo que se lee está fundamentado o se trata de una simple opinión vacía. No obstante, el texto logró que le diera cierta importancia a sus afirmaciones.

Leyendo el artículo me vinieron a la cabeza otras investigaciones que tratan sobre biocumbustibles. Podría decirse que los biocombustibles son otro de esos temas que habitualmente se encuentra en el top de los más controvertidos, principalmente, cuando se les relaciona con los precios de los alimentos. También aquí, como en todas partes, encontraremos variedad de opiniones que van desde aquellos que se niegan frontalmente al uso de biocombustibles, por su efecto sobre los precios de la comida; hasta aquellos que intentan vender los biocombustibles como la panacea a todos los males conocidos.

He tenido la suerte de trabajar durante algún tiempo en temas relacionados con los biocombustibles y mi experiencia me ha enseñado que, como casi siempre, actuar con sentido común es la mejor forma de afrontar la polémica que generan.

Tengo bastante claro que los biocombustibles por si solos, no van a arreglar el cambio climático, ni van a sustituir al petróleo, al igual que el papel reciclado nunca salvará el medio ambiente, pero cualquier iniciativa que se lleve a cabo con mesura ayuda. Es imposible que mañana todos empecemos a utilizar biodiesel en lugar de nuestro diesel de petróleo habitual, aunque sí que es una buena idea que un granjero, con la posibilidad de hacerlo, plante soja para extraer aceite y fabricar a partir de ahí biodiesel para su propio consumo.

Probablemente, ahora mismo os estéis preguntando adónde quiero llegar con todo lo que he escrito. Os voy a decepcionar, porque mi intención no es llegar a ninguna conclusión en particular, sino, simplemente, despertar un poco vuestra curiosidad y hacer ver que, también cuando tratamos temas como el cambio climático, ser razonable es una buena actitud de partida, ya que, aunque a quién madruga dios le ayuda, no por mucho madrugar amanece más temprano…

Zaloa Ares
Factor CO2

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Puedo hacer algo para ralentizar el avance del cambio climático?

Las grandes compañías siempre han representado grandes obras. Parecía una obra genial: con la firma del Protocolo de Kioto se había creado un inicio magistral, pero nada más lejos de la realidad. Sin embargo… ¿afecta esto directamente a nuestra compañía de barrio? Al fin y al cabo, nosotros nunca actuaremos en grandes teatros.
En los pueblos y ciudades encontramos dos personajes secundarios: el político y el técnico municipal, el que tiene cuatro años para ver los resultados de sus proyectos y el que tiene toda una vida. Entre ambos han de alcanzar una cohesión que les permita desarrollar proyectos que lleguen a la ciudadanía, el personaje principal de la obra en cuestión. Y aquí es cuando entra en escena el figurante, la consultora de turno que está interesada tanto en los proyectos de cuatro años, como en los que pueden conllevar toda una vida. Lo cierto es que, teniendo en cuenta las obras que he podido presenciar, es una compañía que trabaja bastante bien y que, generalmente, se suele encontrar siempre con el mismo obstáculo: ¿cómo hacer que el personaje principal no pase a ser un personaje secundario? Este suele resultar un camino difícil.
Muchas veces hablamos de sensibilización, cambio de hábitos, y últimamente hemos llegado al término de corresponsabilización; también hablamos de distintos públicos objetivo: los preocupados, los no preocupados, los activos, los inactivos, etc. Sin embargo, entre toda esta vorágine de términos mi conclusión es muy simple: son sólo unos pocos los ciudadanos que hacen su papel de personaje principal en los municipios Por ello, aprovecho este post para animar a las personas que lo lean, (preocupados, no preocupados, sensibilizados, no sensibilizados, corresponsabilizados, no corresponsabiizados, etc.) a participar activamente en el cuidado del medio ambiente empezando por el municipio propio y apoyando las acciones que su Ayuntamiento se encarga de promover. ¡Ejerce tu papel de personaje principal y actúa contra el cambio climático! Es la única forma de poder representar realmente esta obra magistral.



María Jesús Muñoz
Factor CO2

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Sagan o Lagarde?

Es curiosa la condición humana: parece ser que sólo nos damos cuenta de que algo va a tener resultados catastróficos cuando el desastre ya ha ocurrido. Es aún más curioso cuando consideramos que una de las características por las que los humanos nos definimos es la capacidad para pensar en abstracto. Para imaginar.

En los años 60 se descubrió que Venus, lejos de ser el paradisiaco paraje infestado de vegetación y dinosaurios, era un infierno a 400ºC. Uno de los integrantes del proyecto que hizo tal descubrimiento era un joven astrónomo que respondía al nombre de Carl Sagan y que, desde ese momento, comenzó a culpar al exceso de CO2 en la atmósfera venusiana de tan tórridas temperaturas.  Más de 50 años desde que uno de los científicos más brillantes del siglo pasado empezará a dar voces (y dada su condición de celebridad fueron auténticos alaridos) para alertar del cambio climático en la Tierra.

Nunca jamás habíamos vivido una época en la que el ser humano tuviera una capacidad similar para terraformar su entorno. Entonces, ¿por qué el secretario general de Naciones Unidas ha condenado un montón de islas del Pacífico al hundimiento? La respuesta es clara: porque no nos estamos dando cuenta.

Cuando veo a algún dirigente español negar el cambio climático, me entra mucho, mucho miedo. No se dan cuenta de que cualquier acción a favor del medioambiente está dirigida al beneficio de todos. Da igual si eres rico o pobre, probablemente te guste respirar. El ecologismo es una de las pocas ideas en política que debería ser universal. Pero algunos políticos no se informan, no escuchan.  En lugar de ir a conferencias de científicos, van a las de banqueros. A Einstein, que en su día fue una auténtica celebridad, le ofrecieron la presidencia de Israel, ¿se imagina alguien a una persona elegida para Presidente hoy en día sólo por ser íntegra e inteligente? En estos tiempos el único mensaje son los beneficios en un lenguaje conformado por el dinero.  Pues tengo malas noticias: el dinero no se puede respirar, no se puede beber y, que yo sepa, tampoco es comestible.  Así que piensen, si un meteorito amenazará con destruir la tierra, ¿qué consejo aceptarían para salvar el planeta, el de un astrónomo o el de un banquero? Pues con el cambio climático, la amenaza es parecida, sólo que en lugar de desaparecer en un instante en una explosión atómica, nuestra calidad de vida se va a ir degradando paulatinamente hasta que no podamos reconocer nuestro bellísimo y singular planeta. 

Aún estamos a tiempo, pero mucho me temo que la experiencia nos demuestra que el hombre no aprende de la experiencia. Si no ponemos el medioambiente como una prioridad principal es posible que no dentro de mucho, a pesar de todos los recursos tecnológicos de los que disponemos, tengamos que mirar hacia atrás y lamentar que cualquiera tiempo pasado fue mejor.

Bruno Vallejo
Factor CO2