Carbon Expo, la principal feria y conferencia a nivel mundial para el comercio de emisiones, ha vuelto a Barcelona este junio por segunda vez en su historia después de su primera edición en España en 2009. La octava edición de la principal plataforma anual internacional sobre las finanzas del clima y del carbono, el comercio de emisiones y tecnologías para la reducción del carbono se ha celebrado del 1 al 3 de junio de 2011 en el recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona. En esta ocasión ha sido organizada, conjuntamente, por la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones (IETA), el Banco Mundial y Fira Barcelona.
Carbon Expo está estratégicamente situada en el calendario para la lucha contra el cambio climático, a medio camino entre la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Cancún el pasado mes de diciembre (COP16) y la nueva convocatoria prevista para finales de este año en Durban. En esta edición se ha analizado el estado actual de los proyectos de financiación de infraestructuras limpias, de los mercados de carbono así como el estado de las negociaciones a escala internacional antes de la cita global en Sudáfrica.
Con más de 3.000 visitantes procedentes de 111 países, 280 expositores y más de 47 países elegibles para proyectos CDM/JI, y 115 medios de comunicación cubriendo la edición del último año, Carbon Expo se ha convertido en punto de encuentro internacional donde se reúne todos los actores implicados en el mercado de la energía y el carbono.
Con más de 3.000 visitantes procedentes de 111 países, 280 expositores y más de 47 países elegibles para proyectos CDM/JI, y 115 medios de comunicación cubriendo la edición del último año, Carbon Expo se ha convertido en punto de encuentro internacional donde se reúne todos los actores implicados en el mercado de la energía y el carbono.
Entre los asistentes, se encuentran altos ejecutivos de corporaciones financieras y jurídicas, empresas energéticas y consultorías, líderes políticos y altos cargos de los gobiernos, representantes de la Convención Macro de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), agencias de promoción de inversiones y organizaciones multilaterales de desarrollo, países elegibles para proyectos CDM/JI, ONG’s, instituciones académicas y think-tanks.
La edición de este año de Carbon Expo ha sido un reflejo del creciente interés por parte de los ‘inversores verdes’ en los mercados de carbono como herramienta para financiar la lucha contra el cambio climático. Hasta qué punto la ‘agenda verde’ puede convertirse en una buena oportunidad de negocio, siendo el objetivo del certamen la movilización, a través de las políticas públicas, de recursos privados para hacer realidad el llamado ‘crecimiento verde’. El desarrollo de nuevos mercados, alianzas y oportunidades entre los países desarrollados y los que se encuentran en vías de desarrollo.
En estos momentos en que los mercados de carbono no presentan signos de mejora, instituciones y gobiernos buscan soluciones de financiación para la lucha contra el cambio climático. Es el caso de China, que ha explicado sus planes nacionales para un desarrollo bajo en carbono, o el de Alemania, que analiza su presente y futuro industrial.
La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, destacó en la inauguración de la Carbon Expo en Barcelona, que los mercados de carbono pueden promover flujos de inversión y transferencias de tecnologías que permitan a los países en desarrollo sumarse a los esfuerzos en la lucha contra el cambio climático. Ha señalado que la Carbon Expo es una cita que permitirá profundizar en el nuevo marco financiero internacional para hacer frente al cambio climático y la necesidad de movilizar flujos de inversión pública y privada para acometer la transformación de los actuales modelos productivos para hacerlos más bajos en emisiones tanto en los países desarrollados como en desarrollo.
Asimismo, la Secretaria de Estado ha recordado que la financiación para la mitigación y la adaptación al cambio climático es una de las piezas clave en el proceso de negociación internacional para alcanzar un acuerdo sobre un régimen de cambio climático que afecte a todos los países, cada uno según sus responsabilidades y capacidades.
El nuevo Fondo Verde para el Clima acordado en Cancún debe optar por nuevas fórmulas y utilizar la experiencia adquirida en los mercados de carbono para que la financiación pública sirva para movilizar la inversión privada.
España y la Unión Europea siempre han apostado por los mercados de carbono como una herramienta útil no solo para lograr las reducciones de emisiones de manera coste-eficiente, sino también para promover flujos de inversión y transferencia de tecnologías que permitan acelerar las curvas de aprendizaje y reducir los precios unitarios de las más tecnologías más limpias.
Tanto los países desarrollados como en desarrollo han hablado de sus logros alcanzados hasta la fecha y también y han puesto en común diferentes proyectos, además de las oportunidades de inversión que ofrece este mercado. Por parte de la participación de China ha informado a los asistentes sobre los planes del gigante asiático respecto a la reducción de sus emisiones de CO2, en un acto organizado por China CDM Fund, China CDM Project Management Center, Finance Bureau of Hebei Province, China Environment and Energy Exchange.
Entre las informaciones proporcionadas por China CDM Fund sobre la actual situación de China en el mercado de carbono, destaca que el país asiático está promoviendo activamente la conservación de energía y la reducción de emisiones, entre otras acciones.
Todos los asistentes a la CARBON EXPO nos hacemos la misma pregunta ¿Hacia dónde deben mirar los mercados de carbono?
El mercado de carbono ha sufrido en 2010 un colapso; ha perdido el volumen de negocio. Incluso el mercado europeo puede verse comprometido por el desacuerdo sobre el acuerdo sobre el cambio climático. Hay demasiadas incertidumbres sobre qué pasará después del 2012, cuando acaba el primer período de cumplimiento de Kioto. Quizá alguien juega con el calendario Inca, que no va más allá del 2012.
Los mercaderes de los derechos de emisión de carbono reunidos en Barcelona no viven para disgustos, rabias y pesares. Permitan mostrarles en una cita las causas de tantas inquietudes y desasosiegos: “si el que compra partidas ve que bajan de precio, le da rabia de haber comprado. Y si suben, le da rabia de que no compró más. Si compra derechos, suben de precio, vende, gana y luego vuelan aún a más alto precio del que ha vendido, le rabia de que vendió por menor precio. Y si no compra ni vende, y van subiendo, le rabia de que habiendo tenido impulsos de comprar, no lo hizo…”
La cita es posterior a la crisis, no actual, sino a la primera crisis bursátil, que describiera nuestro don José de la Vega. Pretender que el mercado evite los disgustos, rabias y pesares es tanto como querer excluir de él los riesgos.
No deberíamos dejarnos llevar por el pesimismo. Se trata más bien de una enfermedad infantil; sin ella no se madura. De un mercado en que todos eran compradores y nadie vendía, se pasó a su opuesto; todos venden y nadie compra. El derecho de emisión de CO2 llego a costar 30 euros la tonelada, cuando nadie vendía, y cayó a 0,1 euros cuando nadie compraba. Ahora está en unos 16 euros la tonelada de aire limpio.
Los mercados de carbono son una ingeniosa idea para convertir un intangible como el CO2 en un recurso con valor. La idea es generar recursos para abordar el cambio climático. Pero por el camino nos olvidamos del clima. Los únicos recursos que se movilizan son contratos de opciones futuras, en que el comprador se libra de responsabilidad y el vendedor adquiere obligaciones.
El desarrollo de las energías renovables (claves para combatir el calentamiento) no lo ha traído precisamente los mercados de carbono, sino los precios regulados en la tarifa (“feed-in tariff”), que permiten el desarrollo de renovables con un marco previsible, estable y seguro. Es así como se han fomentado, apoyándolo con una política energética.
En la Carbon Expo, el representante chino anunció la creación de comercio de emisiones de carbono para más de 1.300 millones de chinos. Europa duda, mientras piensa en Estados Unidos, si ser ambiciosa con el desarrollo del mercado del carbono o ser generosa concediendo muchos derechos en la asignación.
No sólo el poder se desplaza al Este; las potencias siglo XXI de tamaño XXL, no suplantarán el papel de las potencial del siglo XX. Ejercerán de potencial del siglo XXI. Sin entender esto no comprenderemos el anuncio de China.
La decisión China de crear un comercio de carbono obedece a una pragmática política interna. El cambio climático quizá no sea tan importante como mantener una estabilidad interna; sólo en la medida en que de la modernización dependa la estabilidad, un mercado de carbono forma parte de su política interna.
No es Europa sino China la que decidirá lo que producimos y consumimos, y más importante, el cómo lo producimos y consumimos. Una Europa débil y dividida se hace ilusiones cuando no es capaz de cooperar para salir de la crisis. Europa si juega a ser potencia del siglo XX se verá marginada en el siglo XXI.
La vieja Europa está demasiada encerrada en sí misma. Una Carbón Expo en Barcelona hace que brillen por su ausencia actores económicos que prefieren el provincialismo de mirarse a sí mismos. Al igual que las cumbres es fiel reflejo de lo que hay. Cuando nos demos cuenta que quién no estuvo sentado en la mesa, ya será demasiado tarde; nos habrán comido. Europa tiene que aprender de China, a través de esta confianza en sí misma.
Javier Perea
Factor CO2