Parece que el concepto de cambio climático está (parcialmente) cambiando. El objetivo principal de las políticas para combatir el calentamiento global sigue centrado en reducir las fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, es decir, fomentar lo que conocemos como mitigación del cambio climático. Sin embargo, en los últimos años un nuevo concepto está tomando forma en el panorama internacional: la adaptación al cambio climático, que busca minimizar los riesgos y potenciar las oportunidades derivadas de los potenciales impactos del cambio climático.
La consideración de este concepto tiene una lectura un tanto pesimista, puesto que presupone que no vamos a ser capaces de mitigar todos los efectos que se esperan del cambio climático, es decir, vamos a tener que “convivir” con él. Es una suerte que existan “oportunidades” derivadas del calentamiento global (por ejemplo, un verano más largo y caluroso puede ser una bendición para muchos) que harán, a buen seguro, esta convivencia más llevadera.
Como investigador (más que experto) del cambio climático considero que la adaptación es un concepto sumamente complejo y abstracto. Según la definición, su objetivo es algo claro y detallado: reducir los riesgos negativos y aprovechar las oportunidades positivas. Sin embargo, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué?
La finalidad de la mitigación es clara y concisa: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sabemos claramente que existe un fenómeno de calentamiento global, sabemos cuál es la fuente del problema (las emisiones) y sabemos que las consecuencias son globales y, por tanto, también lo son las soluciones. Independientemente de dónde reduzca un proyecto, al final siempre se contribuye al bien común.
No obstante, si hablamos de adaptación, ¿a qué nos referimos? Aunque la definición sea clara, la percepción que cada uno tiene sobre lo que puede afectar a su vida cambia (así como lo que puede representar una oportunidad). Atendiendo al ejemplo anterior, si el cambio climático significa veranos más largos e inviernos más suaves os aseguro que los amantes de la playa lo verán como una ventaja mientras que a los enamorados de los días frente a la chimenea les parecerá un fastidio.
Si trasladamos este ejercicio no sólo a las personas, sino a la esfera pública o al sector privado (ecosistema propio formado por multitud de sectores y subsectores), la ecuación se complica de forma considerable. ¿Cómo planteamos soluciones concretas a este complejo panorama?
Si las opiniones cambian de grupo a grupo, por ende, también lo hacen de país a país. Se dice de la adaptación que es un concepto mucho más local, que debe comprender las particularidades sociales, ambientales, culturales, económicas, etc. de cada entorno. Acabo de añadir todavía más elementos a la ya de por sí complicada ecuación.
Pero, ¿por qué debería adaptarme? El ser humano no actúa frente a lo que no percibe (ya sea a su alrededor o a través de los medios) y la “previsión” forma parte implícita del concepto adaptación. Si existe impacto actúo en consecuencia, porque soy consciente de las efectos que me afectan, pero, muchas veces, el concepto de cambio climático se asocia a fenómenos futuros que aún no percibimos y que influyen en la forma en la que actuamos. Este hecho se encuentra íntimamente ligado a la pregunta de cuándo.
La efectividad del ser humano es inversamente proporcional al lapso de tiempo entre la idea y el hecho. A mayor lapso, menor urgencia, menor prioridad y menor sensación de actuación. ¿Por qué actuar hoy sobre algo que no me va a afectar hasta mañana?
Aunque parezca lo contrario, no estoy en contra de la adaptación. Sin embargo, es un concepto que disto mucho de entender todavía y a nivel internacional esta complejidad también está presente. Hay muchos interrogantes y muchas preguntas sobre este nuevo campo hacia el que se dirige la lucha contra el cambio climático. De hecho, la adaptación es una lucha contra lo que el cambio climático nos depara.
¿Estamos preparados para introducir este concepto en nuestro día a día?
¿Estamos preparados para adaptarnos a la adaptación?
Franck Van Dellen
Factor CO2