jueves, 28 de julio de 2011

Cambio climático e industria: ¿condenados a entenderse o infelices para siempre?

El cambio climático ha llegado para quedarse y muchos industriales ya se han dado cuenta. La realidad se ha hecho visible tras haber realizado su solicitud de asignación gratuita de derechos de emisión de gases de efecto invernadero para el periodo 2013-2020 y ver el porcentaje de sus emisiones de CO2 que les saldrá gratis en estos años.

Desde el 1 de enero de 2005, las grandes industrias europeas se encuentran afectadas por el Sistema Europeo de Comercio de Derechos de Emisión (EU ETS, por sus siglas en inglés). Este sistema hace que estas instalaciones deban hacerse cargo de sus emisiones de CO2 anuales a través de la entrega de tantos créditos de carbono (derechos de emisión y otras unidades análogas) como toneladas de CO2 han emitido.

Para que el impacto en la industria no sea tan elevado, los industriales reciben una asignación gratuita (es decir, sólo deben comprar una parte de los derechos que entreguen). Esta asignación gratuita ha ido descendiendo desde 2005, pero, para el tercer periodo del EU ETS (2013-2020), este descenso será más que notable, dándose casos de industriales para los que el CO2 supondrá un coste anual superior al millón de euros.

A estas alturas del partido, todos somos conscientes de que hay que actuar para reducir las emisiones de CO2, pero, ¿podrá la industria europea convertir esta actuación en un arma en su lucha económica contra los gigantes americanos y asiáticos?

Por cierto, ¿a nadie le llama la atención que los grandes gurús de la economía, la clase política y los medios de comunicación prácticamente no se hayan hecho eco del tema?...

Iria Flavia Peñalva
Factor CO2

miércoles, 20 de julio de 2011

De la marginación a la admiración sólo hay un soplo


Tan sólo acaban de llegar y saben que han venido para quedarse. Reconocen lo duro que ha sido el camino, pero el esfuerzo ha dado sus frutos. Se les conoce por varios apodos y se han ido extendiendo por todo el territorio.

No se trata de un ejército invasor (por mucho que algunos así lo quieran catalogar), sino de hordas de gigantes enfundados en inmaculados trajes blancos que traen consigo una misión repleta de buenas intenciones.

No buscan el enfrentamiento directo, sino que se ofrecen para formar parte de la solución a un problema que la mayoría de seres humanos no sabe cómo arreglar. Han venido a ayudar a una sociedad perdida, ansiosa y preocupada con lo que pueda pasar a sus próximas generaciones.

Sus bondades vienen precedidas de unas habilidades que traspasan fronteras y no distinguen de nacionalidades. Han ido ganándose la confianza de los pueblos y las ciudades a lo largo del planeta, y han sido capaces incluso de ubicarse en zonas donde no hay tierra firme a la que sujetarse.

Han aprendido a convivir con su entorno y su única obsesión es mejorar cada día para convertirse en los nuevos estandartes del bienestar al servicio de su creador, el ser humano.

Su funcionalidad consiste en permanecer estáticos, pero no inmóviles. No caminan avanzando a grandes zancadas, aunque de gigantes se trate. Por el contrario, permanecen toda su vida fijos en un punto y han decidido crecer a lo alto, atónitos por la belleza que los cubre. Simulan ser estatuas expectantes, que no desean perderse un atisbo de lo que sucede a su alrededor.

De repente, una brisa intensa los despierta de su letargo y los pone en alerta. Son conscientes de que es su oportunidad, les toca trabajar y esforzarse para ganarse el respeto de los humanos. Sólo los primeros son capaces de ofrecer lo que se avecina: un espectáculo sin igual.

El regimiento de gigantes blancos toma la dirección adecuada y se alinea frente a la previsible embestida. Efectivamente, el viento golpea sin cesar las estructuras rígidas de fibra de carbono y éstas empiezan a moverse agitadas por la fuerza cinética.

Todos los mecanismos se retuercen y los engranajes chirrían al paso de tal ímpetu.

Son los primeros MWh eléctricos del día, la gente en sus casas disfruta de su comodidad y los gigantes blancos tan sólo acaban de comenzar su jornada laboral.

Las energías renovables cubrieron más del tercio (35,8%) de la demanda eléctrica de España en el año 2010. Por su parte, la energía eólica se situó como la primera renovable y la tercera fuente energética en el mix eléctrico español (15,6%), por detrás de la energía nuclear (21,6%) y los ciclos combinados de gas natural (23,0%).




“I think I was always misunderstood. They fall just didn’t seem to wrap me. They think I annoy them (…). I don’t know why, that’s just the way it was. Yeah, maybe I was too intense, maybe I come up too strong. I don’t know. I really can’t say. Yeah, it was annoying, quite annoying, but you get used to it, after a while and then, one day, everything change. Somebody finally accepted me for what I am. Since I’ve got this job, life is completely different. I finally feel useful, do that something…”
The Wind

Sergi Bosque
Factor CO2

martes, 12 de julio de 2011

Adaptarse a la adaptación

Parece que el concepto de cambio climático está (parcialmente) cambiando. El objetivo principal de las políticas para combatir el calentamiento global sigue centrado en reducir las fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, es decir, fomentar lo que conocemos como mitigación del cambio climático. Sin embargo, en los últimos años un nuevo concepto está tomando forma en el panorama internacional: la adaptación al cambio climático, que busca minimizar los riesgos y potenciar las oportunidades derivadas de los potenciales impactos del cambio climático.

La consideración de este concepto tiene una lectura un tanto pesimista, puesto que presupone que no vamos a ser capaces de mitigar todos los efectos que se esperan del cambio climático, es decir, vamos a tener que “convivir” con él. Es una suerte que existan “oportunidades” derivadas del calentamiento global (por ejemplo, un verano más largo y caluroso puede ser una bendición para muchos) que harán, a buen seguro, esta convivencia más llevadera.

Como investigador (más que experto) del cambio climático considero que la adaptación es un concepto sumamente complejo y abstracto. Según la definición, su objetivo es algo claro y detallado: reducir los riesgos negativos y aprovechar las oportunidades positivas. Sin embargo, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué?

La finalidad  de la mitigación es clara y concisa: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sabemos claramente que existe un fenómeno de calentamiento global, sabemos cuál es la fuente del problema (las emisiones) y sabemos que las consecuencias son globales y, por tanto, también lo son las soluciones. Independientemente de dónde reduzca un proyecto, al final siempre se contribuye al bien común.

No obstante, si hablamos de adaptación, ¿a qué nos referimos? Aunque la definición sea clara, la percepción que cada uno tiene sobre lo que puede afectar a su vida cambia (así como lo que puede representar una oportunidad). Atendiendo al ejemplo anterior, si el cambio climático significa veranos más largos e inviernos más suaves os aseguro que los amantes de la playa lo verán como una ventaja mientras que a los enamorados de los días frente a la chimenea les parecerá un fastidio.

Si trasladamos este ejercicio no sólo a las personas, sino a la esfera pública o al sector privado (ecosistema propio formado por multitud de sectores y subsectores), la ecuación se complica de forma considerable. ¿Cómo planteamos soluciones concretas a este complejo panorama?

Si las opiniones cambian de grupo a grupo, por ende, también lo hacen de país a país. Se dice de la adaptación que es un concepto mucho más local, que debe comprender las particularidades sociales, ambientales, culturales, económicas, etc. de cada entorno. Acabo de añadir todavía más elementos a la ya de por sí complicada ecuación.

Pero, ¿por qué debería adaptarme? El ser humano no actúa frente a lo que no percibe (ya sea a su alrededor o a través de los medios) y la “previsión” forma parte implícita del concepto adaptación. Si existe impacto actúo en consecuencia, porque soy consciente de las efectos que me afectan, pero, muchas veces, el concepto de cambio climático se asocia a fenómenos futuros que aún no percibimos y que influyen en la forma en la que actuamos. Este hecho se encuentra íntimamente ligado a la pregunta de cuándo.

La efectividad del ser humano es inversamente proporcional al lapso de tiempo entre la idea y el hecho. A mayor lapso, menor urgencia, menor prioridad y menor sensación de actuación. ¿Por qué actuar hoy sobre algo que no me va a afectar hasta mañana?

Aunque parezca lo contrario, no estoy en contra de la adaptación. Sin embargo, es un concepto que disto mucho de entender todavía y a nivel internacional esta complejidad también está presente. Hay muchos interrogantes y muchas preguntas sobre este nuevo campo hacia el que se dirige la lucha contra el cambio climático. De hecho, la adaptación es una lucha contra lo que el cambio climático nos depara.

¿Estamos preparados para introducir este concepto en nuestro día a día?

¿Estamos preparados para adaptarnos a la adaptación?

Franck Van Dellen
Factor CO2

martes, 5 de julio de 2011

El CO2 contamina

Las emisiones de CO2 son nocivas para la salud.”Hay que reducir la contaminación causada por el cambio climático”. Cualquiera que tenga una mínima noción científica respecto al calentamiento global, sus causas y sus consecuencias sabrá que estas afirmaciones son incorrectas. Sin embargo, las he escuchado en boca de varios políticos.

Uno de los mayores problemas a la hora de dar una información relacionada con el cambio climático es que estamos hablando de un tema científico que requiere una mínima especialización.

Por una parte, los periodistas deberían tener un conocimiento base sobre el tema. Para ello, hay algunas Guías (concretamente una del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino está bastante bien) que pueden ser un soporte para entender el por qué de algunas cuestiones. Además, esto permitiría a los informadores discernir qué mensajes son veraces y cuáles son sólo propaganda interesada.

No obstante, cualquiera que haya trabajado en un medio de comunicación o conozca el sector un poco de cerca sabrá que cada vez resulta más difícil especializarse en algo, teniendo en cuenta la precariedad de los puestos de trabajo y la gran movilidad a la que se somete a los profesionales.

Así las cosas, la responsabilidad de comunicar correctamente y con la verdad por delante recae en el emisor. Sería aconsejable que tanto los políticos, como el resto de agentes sociales involucrados en ésta área (empresas, ONGs, asociaciones, ciudadanía…) se documentasen mínimamente antes de lanzarse a la piscina con afirmaciones como las que mencionábamos al principio del post.

¿Será mucho pedir o seguiremos oyendo que el CO2 (ese mismo gas que expulsamos nosotros al respirar) es dañino para nuestra salud?

Nahia Nebra
Factor CO2