jueves, 17 de noviembre de 2011

¡Me marcho a Nueva York!

Típico grito de guerra de cuando por fin has conseguido comprar los billetes y has logrado, tras mucho esfuerzo y varias negativas de la página web a aceptar tu tarjeta de crédito, dar el primer paso que te acerca a tu destino. ¡Me voy de viaje!
Después llega el siguiente paso: cuadrar todo lo que pretendes hacer en cuatro días. Suele ser una especie de tetris, con toques de carrera maratoniana, para poder visitar y realizar aquello que consideras imprescindible.
A todo esto hay que sumarle la locura de comprimir en una maleta de 55x40x20 lo  estrictamente necesario, evitando, a toda costa, que una amable azafata de la compañía low cost te haga pasar la embarazosa situación de incrustar tu equipaje en los  “cacharros medidores” para terminar comprobando que aquello no cuadra.
Para un gran porcentaje de gente la problemática de viajar acaba ahí. Pero hay muchos más factores, y bastante más importantes, detrás de cada viaje.
Lo primero es darnos cuenta de que existe una clara relación entre clima y turismo. El turismo aprovecha las ventajas de cada estación: el sol en verano, la caída de las hojas en otoño, la nieve en invierno, y la floración en primavera. Todas ellas están marcadas por el clima. Éste determina los ecosistemas que encontramos en cada lugar, la flora, la fauna y, por supuesto, el tiempo que hallaremos al llegar a nuestro destino. ¿Y si esa relación cambia? ¿Y si se dirige a un equilibrio distinto? Pensemos, ¿qué sucederá en nuestro país?
Si partimos de las previsiones del IPCC en su IV Informe sobre cambio climático, el asunto no pinta en absoluto bien. Si disminuyen las precipitaciones en la zona sur de España, ¿acabaremos por ver más incendios que agua en las Tablas de Daimiel? Si continúa la regresión de las costas y el aumento del nivel del mar, ¿desaparecerá definitivamente La Manga? y ¿qué será de nuestras islas? Si en invierno nieva más tarde y en cotas más altas, ¿la cota mínima en Baqueira se situará en los 2.000 metros? Si las temperaturas aumentan en la región norte de la Península, ¿el Norte se convertirá en el nuevo Sur?
Aparte de lo que nos concierne como potenciales turistas de nuestro propio país, debemos ser conscientes de que el sector turístico es uno de los  grandes motores económicos de España, ¿qué pasará si perdemos la afluencia de turistas europeos que nos visitan? ¿Qué pasará si perdemos nuestro atractivo? ¿Qué haremos con todo el desarrollo hotelero que se sitúa en nuestras costas? ¿Apostaremos por un turismo responsable?
Quizás sean demasiadas preguntas, pero sería interesante que, al menos, uno de cada 50 turistas que sube a un avión se planteara alguna, más allá de “¿dónde está mi tarjeta de embarque?”
Yolanda Buendía
Factor CO2

3 comentarios:

  1. Un enfoque muy original Yolanda. Espero que seamos capaces de evitar los posibles impactos que mencionas.

    Tras leer el artículo me han entrado ganas de viajar. Eso sí, responsablemente. ;)

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  2. Cierto, el sector del turismo debería comenzar a tener un cambio de visión. No sólo el turista, sino toda la industria y administración pública que hacen posible que ese turista disfrute de sus vacaciones.

    Hace falta un cambio importante en el sector, tal y como está planteado en España en la actualidad. Es necesaria una reconversión del mismo, con una apuesta por la eficiencia energética no sólo en alojamientos, sino también en el propio destino. Más zonas verdes bien conservadas, que además proporcionen sombra en los cada vez más calurosos días. Redes de transporte que supongan una alternativa real al vehículo y también parques de vehículos más sostenibles. En definitiva, apostar por un menor número de turistas pero que permanezcan un mayor número de días porque la oferta que se ofrezca lo merezca.

    Por cierto, creo que las Tablas de Daimiel ya hace mucho tiempo que no tienen agua, debido al efecto de la agricultura intensiva que las rodea. Yo estuve hace como 10 años y nos explicaron que las tienen que bombear agua para que el ecosistema siga existiendo...

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  3. Otro elemento clave, en relación al turismo y la sostenibilidad son los medios de transporte y las decisiones responsables de los turistas. Es cierto que viajar a países remotos de vacaciones puede aportar diversión, descanso, cultura, conocimiento…Sin embargo el avión es uno de los transportes que mayores emisiones GEI producen, por lo tanto cada vez que una persona viaja en este medio, debe de ser consciente del efecto que su viaje está ejerciendo en el cambio climático. Lo mismo ocurre en los viajes de empresas. Y ya son muchas las compañías que promueven teleconferencias y el uso de la tecnología con el fin de minimizar los viajes.
    Quizás sea importante realizar una pequeña reflexión antes de viajar y así probablemente algunas personas eviten cierto tipo de viajes innecesarios que solo responden a modas y caprichos superfluos, como pueden ser irse de fiesta a Ibiza y volver al día siguiente o ir una tarde a Italia a cenar y volver…Puede que nuestro bolsillo pueda pagar ciertos viajes low-cost debido a incompresibles ofertas de algunas compañías, pero puede que este tipo de actuaciones irresponsables (al igual que otras muchas)fomenten aun más que las condiciones climáticas a las cuales nos hemos adaptado a vivir cambien de forma más rápida y esto no lo lamentará el planeta , sino que lo lamentaremos nosotros y todas las especies que cohabitan con nosotros.

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