lunes, 3 de octubre de 2011

¿Sagan o Lagarde?

Es curiosa la condición humana: parece ser que sólo nos damos cuenta de que algo va a tener resultados catastróficos cuando el desastre ya ha ocurrido. Es aún más curioso cuando consideramos que una de las características por las que los humanos nos definimos es la capacidad para pensar en abstracto. Para imaginar.

En los años 60 se descubrió que Venus, lejos de ser el paradisiaco paraje infestado de vegetación y dinosaurios, era un infierno a 400ºC. Uno de los integrantes del proyecto que hizo tal descubrimiento era un joven astrónomo que respondía al nombre de Carl Sagan y que, desde ese momento, comenzó a culpar al exceso de CO2 en la atmósfera venusiana de tan tórridas temperaturas.  Más de 50 años desde que uno de los científicos más brillantes del siglo pasado empezará a dar voces (y dada su condición de celebridad fueron auténticos alaridos) para alertar del cambio climático en la Tierra.

Nunca jamás habíamos vivido una época en la que el ser humano tuviera una capacidad similar para terraformar su entorno. Entonces, ¿por qué el secretario general de Naciones Unidas ha condenado un montón de islas del Pacífico al hundimiento? La respuesta es clara: porque no nos estamos dando cuenta.

Cuando veo a algún dirigente español negar el cambio climático, me entra mucho, mucho miedo. No se dan cuenta de que cualquier acción a favor del medioambiente está dirigida al beneficio de todos. Da igual si eres rico o pobre, probablemente te guste respirar. El ecologismo es una de las pocas ideas en política que debería ser universal. Pero algunos políticos no se informan, no escuchan.  En lugar de ir a conferencias de científicos, van a las de banqueros. A Einstein, que en su día fue una auténtica celebridad, le ofrecieron la presidencia de Israel, ¿se imagina alguien a una persona elegida para Presidente hoy en día sólo por ser íntegra e inteligente? En estos tiempos el único mensaje son los beneficios en un lenguaje conformado por el dinero.  Pues tengo malas noticias: el dinero no se puede respirar, no se puede beber y, que yo sepa, tampoco es comestible.  Así que piensen, si un meteorito amenazará con destruir la tierra, ¿qué consejo aceptarían para salvar el planeta, el de un astrónomo o el de un banquero? Pues con el cambio climático, la amenaza es parecida, sólo que en lugar de desaparecer en un instante en una explosión atómica, nuestra calidad de vida se va a ir degradando paulatinamente hasta que no podamos reconocer nuestro bellísimo y singular planeta. 

Aún estamos a tiempo, pero mucho me temo que la experiencia nos demuestra que el hombre no aprende de la experiencia. Si no ponemos el medioambiente como una prioridad principal es posible que no dentro de mucho, a pesar de todos los recursos tecnológicos de los que disponemos, tengamos que mirar hacia atrás y lamentar que cualquiera tiempo pasado fue mejor.

Bruno Vallejo
Factor CO2

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