miércoles, 15 de junio de 2011

No es un día cualquiera para la carga de mi huella de carbono…

5:40 a.m. Suena el despertador -primer consumo de energía del día (CE, de aquí en adelante)-, referido al consumo de pilas de toda la noche con el objetivo de despertarme. Me levanto con pocas ganas y voy a la habitación contigua a dejar los móviles, para lo que enciendo la luz (CE2). Posteriormente, me dirijo al baño con sigilo para no despertar a nadie en casa. Me ducho –consumo de agua-, me lavo los dientes –consumo de dentífrico, la parte proporcional del cepillo de dientes la despreciamos- y me afeito (CE3).

6:00 a.m. Vuelvo a mi habitación, sigue la luz encendida sin que hubiera nadie –un derroche de energía que aumentará mi huella en gran medida-, me visto y bajo al portal dónde un taxi espera mi llegada (CE4). 6:20 a.m. Llegamos al aeropuerto y le pido un ticket para los gastos de empresa –consumo papel-.

6:30 a.m. Había quedado con un amigo que iba a viajar también por negocios a Nueva York. Sí, ya se que todos estáis pensando: ¡qué bonito, New York…! Pero, ¿cuántos de vosotros habéis reflexionado sobre la huella de carbono asociada a este desplazamiento únicamente para  3 días? No es lo mismo asignar las cargas de carbono a un viaje semanal que a uno de 3 días. En el segundo caso, el resultado seráuna reunión de negocios con unas emisiones de gases de efecto invernadero inmensas, especialmente, comparadas con las generadas en una reunión mantenida mediante videoconferencia, por ejemplo.

Pero retornemos a mi día. Son las 6:45 a.m. y no llega mi amigo. Menos mal que el consumo de energía humana y el desgaste de zapatos no se contabilizan en mi huella de carbono, sino en estos 15 minutos hubiera aumentado mucho… 6:50 a.m. Por fin llega, aunque el desayuno conjunto se convierte en un saludo rápido. 6:55 a.m. Me dirijo a desayunar –los alimentos, por ser consumo de energía humana no se contabilizan, en cambio sí se calcula la parte que me corresponda del consumo energético de la cafetería durante los 5 minutos transcurridos allí-.

7:00 a.m. Embarque de mi vuelo, miro la pantalla (CE5, pero quizá esta cantidad sea despreciable, ya que esa pantalla estará encendida todo el día y habría que repartir su consumo entre todos) y compruebo que embarco en la puerta nº10 del aeropuerto de Loiu. Esto aumentará mi huella de carbono, porque utilizaremos autobús para desplazarnos hasta allí (CE6). 7:25 a.m. Llegamos al avión, un aparato pequeño de 48 pasajeros, con una azafata y dos pilotos. El consumo es el mismo, aunque hay menos gente con la que repartirlo, por lo que mi huella aumenta a pasos agigantados y sólo son las 7:40 a.m.

Han pasado dos horas desde que me he levantado y ya llevo un montón de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a mi día. Pienso en las diferentes metodologías de cálculo a ver si me dejo algo y recuerdo que  el viernes imprimí la documentación para la reunión y la tarjeta de embarque (¿es mejor llevarla en el móvil o en papel?). Además, al llegar alquilaré un coche…

7:45 a.m. Me siento en el avión, saco un cuaderno ahora mismo llevo dos hojas escritas, consumo de papel (y un bolígrafo). Escribo el título…

…¿o sí para mí y mis 48 compañeros de viaje?

Asier Sopelana
Factor CO2

2 comentarios:

  1. Muy bueno Asier, me ha encantado. Me ha entrado agobio también, no lo voy a negar. Es impresionante lo ligados que estamos al consumo energético en cualquiera de las actividades que realizamos cada día y qué difícil es reducir muchos de ellos... ahora me doy cuenta que no sé si para otras cosas también pero, desde luego, el ejercicio de huella de carbono sirve para darte cuenta de la cantidad de fuentes y emisiones ligadas a tu vida/actividad/producto...

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  2. A mí también me ha gustado mucho. Muy original el planteamiento y la redacción. Se ve que tienes un escritor en ciernes dentro de ti. Además, como dicen en el comentario de arriba nos hace reflexionar sobre la relación entre cualquiera de nuestras acciones y las emisiones de gases de efecto invernadero.

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