
Con motivo de la reciente
presentación del informe “Blue Carbon: propuestas para preservar el carbono
azul” realizado por Factor CO2, entrevistamos a María Jesús Muñoz,
responsable del área de sumideros de Factor CO2 y coautora del
informe.
“Blue Carbon: propuestas para
preservar el carbono azul” es una propuesta planteada por Factor CO2
para promover la conservación de los ecosistemas marinos de una manera
coste-eficiente mediante los mercados de carbono, que explica cómo estos pueden
ayudar a proteger los ecosistemas marinos.
¿A qué hace referencia el
término “Blue Carbon” o “carbono azul”? ¿Por qué es importante preservar su
conservación?
El
término “carbono azul” hace referencia al carbono absorbido y retenido por
parte de ecosistemas marinos, especialmente las praderas oceánicas, los
manglares o las marismas. El papel que juegan estos ecosistemas amenazados en
el ciclo del carbono a nivel global es muy relevante y deben buscarse
mecanismos para asegurar su protección, ya que la capacidad del océano de secuestrar
el carbono atmosférico está viéndose afectada por los importantes efectos que
el cambio provoca en dichos ecosistemas.
De
hecho, hasta cinco agencias de Naciones Unidas han alertado de que el 60% de
los principales ecosistemas marinos ha sido degradado o está siendo utilizado
de manera no sostenible. Desde 1980, casi el 20% del área cubierta por
manglares ha desaparecido, al igual que el 29% del área total cubierta por
zosteras marinas y una tasa similar ha sido estimada para las marismas de marea.
Pero no solo su área se ve reducida, sino que la acidificación de los océanos
reduce la capacidad de capturar CO2 en las zonas supervivientes,
especialmente en los ecosistemas de praderas oceánicas.
¿Qué papel juegan estos
ecosistemas amenazados en el ciclo del carbono a nivel global?
Los
manglares, las marismas de marea y praderas oceánicas han demostrado ser
capaces de almacenar grandes cantidades de carbono y por amplios periodos de
tiempo, de hasta milenios. A pesar de su escasa extensión relativa, constituyen
uno de los sumideros de carbono más eficientes de la biosfera, reteniendo CO2
en los sedimentos de los océanos.
De
hecho, estos ecosistemas son especialmente eficientes en la absorción de
carbono, ya que su capacidad de secuestrarlo es hasta 180 veces superior a la
del mar abierto. En la actualidad, cubren menos del 0,2% de todo el lecho
marino, pero contribuyen en más del 50% al carbono capturado por todos los
organismos fotosintéticos en el globo. Por ello, son zonas críticas para la
biodiversidad biológica y, además, aportan innumerables servicios a la
sociedad.
Como sabemos, las tierras
forestales también actúan como sumideros de carbono, ya que absorben CO2
de la atmósfera y lo almacenan por largos periodos de tiempo. ¿Qué
características tienen los sumideros marinos en comparación con los terrestres?
La
tasa media de secuestro de carbono para las praderas oceánicas se sitúa en
alrededor de 4,4 tCO2/ha/año, para marismas de marea en 8 tCO2/ha/año,
y para manglares en 6,3 tCO2/ha/año. Ahora bien, las tasas anuales
de secuestro de carbono para estos tres ecosistemas son bien diferentes y
varían según las condiciones locales.
Estas
tasas de secuestro anual de carbono son de dos a cuatro veces superiores a las
de los bosques tropicales maduros y se encuentran bajo una amenaza mayor, por
lo que resultan necesarias medidas de gestión y conservación que aseguren y
mejoren su capacidad como sumideros.
¿A qué amenazas tienen que
hacer frente estos ecosistemas marinos en la actualidad?
Las
principales amenazas para estos ecosistemas radican en la expansión y el
desarrollo de los asentamientos humanos costeros para permitir la creación de
cultivos, y el desarrollo de infraestructuras industriales y de comunicación.
Cuando
estos hábitats son destruidos, el CO2 que fue almacenado durante
milenios en los sedimentos comienza a ser liberado a la atmósfera,
constituyendo una fuente de emisión. La necesidad de manejo de los ecosistemas
costeros por su valor en términos de carbono es cada vez más evidente pero,
además, se generan importantes co-beneficios ambientales y sociales al reducir
su degradación y promover su restauración y un manejo sostenible.
Por
ello, si la tasa de destrucción de los hábitats costeros marinos continúa al
ritmo actual y no se toman medidas severas de conservación y manejo, no solo
afectará a la capacidad de los océanos de hacer frente al cambio climático,
sino que tendrá importantes impactos negativos sobre los servicios ambientales
y socioeconómicos que estos ecosistemas ofrecen.
En nuestro entorno, destaca la
importancia de las fanerógamas marinas y, en particular, de las praderas de Posidonia oceanica. ¿Qué mecanismos
podrían buscarse para asegurar su protección?
En
primer lugar, los esfuerzos de los países deben comenzar por una protección
eficaz e inmediata de los ecosistemas costeros mediante la implementación de
acciones directas de protección de costas. Se trata de poner en marcha
políticas encaminadas a regular las actividades humanas que dañan los
ecosistemas costeros para ayudar a incrementar su capacidad de captar CO2
y de suministrar servicios ambientales, oportunidades de empleo y seguridad
alimentaria y desarrollo.
Estas
iniciativas ya han comenzado a desarrollarse en varios países, especialmente en
países de la Unión Europea y en Estados Unidos, pero existe una necesidad urgente
de ir más allá, de implementar proyectos locales y regionales concretos de
restauración, mejora y mantenimiento de los sumideros Blue Carbon que ayuden a los Estados a reducir sus emisiones de
gases de efecto invernadero (GEI) al tiempo que protegen los servicios y
recursos que estos aportan.
Además,
los mercados de carbono podrían contribuir a alcanzar estos objetivos de
conservación, permitiendo que actividades concretas de manejo sostenible y
restauración en ecosistemas costeros formen parte de los mercados voluntarios.
Actualmente, el marco político intergubernamental a este efecto no ha sido
desarrollado.
¿En qué consiste concretamente
la propuesta de Factor CO2?
Debe
trabajarse a varios niveles. En primer lugar, a nivel institucional para dotar
de una metodología de contabilización que permita reflejar de forma
estandarizada la capacidad de absorción de estos ecosistemas y establecer
herramientas para su consideración en el marco de los objetivos nacionales. En
segundo lugar, a nivel económico, para la inclusión en los esquemas de mercados
de carbono voluntarios existentes para incentivar su conservación.







